domingo, 22 de marzo de 2015

100 PUNTAS INACCESIBLES DE TERUEL, Luis Torrijo y Javier Magallón (II)

Una mirada desde el cielo
Tamara
Peligro, miedo, técnica, éxito, sobrecogimiento, emoción..., esas serían las palabras que mejor definirían lo que es la escalada desde mi punto de vista.
Luis Torrijo y Javier Magallón vinieron el 20 de marzo para contarnos como se enfrentan, con su cuerpo, y con algunos utensilios, a la naturaleza salvaje.
Hubiera sido genial que con sus palabras hubiéramos podido sentir cada una de sus emociones, desde que están empezando a subir por una montaña, hasta que llegan a la cima.
Una vez dije que la belleza se encuentra en la naturaleza, en cada tropiezo que lleva al éxito, en cada caída que nos hace tener ensangrentadas las rodillas y estar en la cima, que la podemos ver en cada muerte, si nos cuentan su linda historia. Estos dos escaladores, admiradores de lo natural, se han enfrentado más de una vez a la muerte, ganándola. Alguna que otra caída ha provocado una rápida huida al hospital, pero al final tan solo ha acabado en algo anecdótico que contar, en un reto que alcanzar y en un futuro éxito con el cual alardear.
Este hobby puede que sea una admiración desde pequeños por las alturas, el no temor a ellas, nada de acrofobia. Puede que esos niños, cuando miraban una montaña, una estatua, un árbol, sin saber por qué, ya deseaban escalarlos; se veían en esa cima, en esa copa, en ese tejado, contemplando toda una panorámica; entonces, solo imaginándolo, seguro que ya les recorrerían por todo el cuerpo unos potentes cosquilleos.
Seguro que muchos nos hemos preguntado qué es lo que más desean hacer cuando llegan a la cima. Gritar. Por unos segundos o minutos se deben de sentir libres, eufóricos, poderosos... Están viendo lo pequeño que pueden llegar a ser los árboles, los animales, las personas... están más cerca del cielo y en un sitio donde poca gente se ha atrevido a llegar, por no decir nadie. Ajenos a la sociedad que les rodea, por un segundo se deben de olvidar de que son hombres.
Sé que yo no sería buena escaladora, me encantan las alturas, estar por los tejados y subirme a los árboles desde niña, pero una cosa es eso y otra muy diferente es estar a metros y metros de distancia del suelo. Soy torpe y despistada, cuando estuviera a dos metros de distancia, ya me habría caído. Sin embargo, me encantaría tener alguna vez la sensación que les envuelve a Luis y Javier cada vez que escalan, con su tensión, estrés y frustración, así como con su satisfacción, euforia y paz, pues solo puedo sentir ese pequeño cosquilleo que incita a probar dicha actividad, pero sin atreverme a ello.
Tamara Pérez
Leonor
El pasado viernes tuvimos el gusto de escuchar de nuevo una charla sobre experiencias en primera persona (las cuales se han convertido en un habitual en la asignatura de Proyecto y no solo nos están animando a comentar, en vistas a la calificación, sino que también de forma recurrente entre los grupos de compañeros). En este caso, fue impartida por la cordada Torrijo-Magallón, un par de escaladores clásicos pero con su toque propio e innovador, a quienes el destino juntó y a partir de ahí, se preocuparon de mantener su unión, no solo deportivamente, ya que incluso se han lanzado a la aventura de publicar un libro: 100 puntas inaccesibles de Teruel.
Su intención fue darnos a conocer sus aventuras, enseñarnos las cimas que ha coronado, pero sobre todo, hacer hincapié en dos aspectos por los cuales ellos se sienten privilegiados: el primero de ellos es el hecho de acceder hasta esos lugares, observar y disfrutar la naturaleza que los rodea, el sentimiento de libertad que experimentan, incluso antes de comenzar a escalar. Por otra parte, resaltan también que, aunque al llegar al punto más alto, suelen exhalar un grito -que solo ellos saben qué expresan con él, pues puede ser de alegría, de superación de obstáculos, de liberación...- no encuentran la satisfacción solamente en ese momento; la escalada, y como ellos la viven, es un constante ir y venir de sensaciones que hacen que solo la subida, sea disfrutada de una forma especial.
La presentación que nos mostraron contenía fotos realmente bellas, tanto por la indudable belleza de la naturaleza como por el trasfondo de cada una de ellas, en las que se adivinan una serie de experiencias y aventuras que sin lugar a dudas deben ser valiosísimas. Las fotografías venían acompañadas de pequeñas frases que hicieron todo muy ameno y entretenido, entre las que me gustaría destacar una a la que más tarde se refirió Magallón, con cierta seriedad en sus palabras: "la gravedad de la gravedad", un juego de palabras que hace recordar que la escalada es un deporte que alberga grandes riesgos.
Finalmente debo resaltar como asombroso las numerosísimas puntas que estos escaladores han coronado y como ellos afirman, no hay ni una sola que se hayan planteado conquistar y no lo hayan conseguido.
Leonor Alcalá
Sonia
Amantes de lo inaccesible, de sobrepasar sus propios límites, de alcanzar nuevas metas, de superarse a sí mismos, de cultivar nuevos éxitos, así podríamos definir a los protagonistas del pasado viernes, fieles a su espíritu aventurero que no han andado muy lejos para descubrir cientos de tesoros que envuelven nuestra provincia, pequeños paraísos turolenses repletos de secretos. Es admirable la capacidad que han mostrado de aprovechar cada momento, cada oportunidad, para realizar lo que más les gusta: la escalada, pero no se trata solamente de la propia actividad que este deporte acontece, no, más bien de su pasión por indagar hasta en los lugares más inexplorados y más peligrosos, viviendo instantes cruciales en sus vidas, dándolo todo por alcanzar la cima, aquella que tanto ansían por hollar, aquella que implica la liberación de sus cuerpos, de sus almas, la meditación profunda y que se convierte en su único punto de mira. Ya desde temprana edad se han definido como cultivadores de sueños, de nuevas metas, de conseguir sus propios propósitos y hasta nuestros días no han cesado sus deseos de la práctica de este deporte, en realidad se trata de una combinación de diversas sensaciones manifestadas en cualquiera de las situaciones que han protagonizado sus vidas; el miedo, el atrevimiento, la tensión, la relajación, el placer, el dolor, la tortura y el alivio. Actividad que te lleva al borde de la derrota y el fracaso a la vez que a un paso de alcanzar la victoria y el éxito; en términos hiperbólicos, se podría definir como una especie de masoquismo que no deja de complacer a quienes lo practican, aquel vicio que nos envuelve, que no cesa de indagar por nuestra mente y que, al fin y al cabo, no podemos abandonarlo así como así, más bien nos encontramos aferrados a él e incapaces de soltarnos. 
A través de esta habilidad ya avanzada, han logrado superar numerosos obstáculos pues, como bien sabemos, no todo ha sido ¨un camino de rosas¨, sino que cada vez que inician una nueva aventura, se enfrentan a nuevos trances, a nuevas incógnitas, que pueden hacer que su vida gire completamente, pues la naturaleza envuelve un cúmulo de sorpresas que nunca sabemos cómo nos van a sorprender, pero sin embargo la sensación agridulce al inicio de cada aventura sigue ahí, y hasta el momento en que alcanzan la cima no aparece esa satisfacción, esa felicidad infinita que ya nos podemos imaginar, y que se convierte en algo instantáneo que alimenta su felicidad por unos instantes. Podemos decir que la motivación se convierte en una herramienta crucial, pues es lo que les incentiva a continuar cultivando sus éxitos, no exentos de inquietudes ya que, infieles a sus principios, y en cuantiosas ocasiones carentes de criterio, se han enfrentado a lugares extremadamente peligrosos, pero según han podido asegurar, la clave del éxito y de la derrota es elegir el itinerario adecuado a sus posibilidades y que no se convierta en algo imposible para ellos.
Ahora bien, ¿quién necesita irse kilómetros y kilómetros más allá de nuestro continente para descubrir la belleza? Pues aquí mismo tenemos fantásticos parajes por descubrir. La clave se encuentra en el propio ascenso, en la cima, capaz de sacar nuestra ilusión por la vida, además de la curiosidad por lo que está frente a nosotros, y una vez ahí, todo se convierte más bello, más apetitoso, más admirable, pues el anhelo que nos ha hecho llegar hasta ahí hace que se conviertan en lugares realmente mágicos. En realidad, como ya sabemos, la belleza está en los ojos de cada uno y en el deseo que acontece.
¿Seriáis capaces de enfrentaros al mundo alcanzando hasta las cimas más altas e inexplorables? ¿Cómo definiríais esta afición? ¿Se trata de una locura? ¿Es algo descabellado? Al fin y al cabo solo los apasionados que lleven sus sueños al extremo , inmersos en sus aspiraciones, son capaces de darlo todo por lograr ese sentimiento de satisfacción, miedo, éxito, felicidad, al alcanzar la cimas, las cumples de la tierra, los rincones mágicos del Planeta. Es ahí donde nos descubrimos a nosotros mismos y miramos hacia el futuro, valorando más lo que tenemos pues ¨la vida se ve mejor desde arriba¨.
Sonia Delgado
Marina
El pasado viernes vinieron a visitarnos dos aventureros, como bien ellos se definían, Javier Magallón y Luis Torrijo. Estos dos escaladores han tenido la suerte, por supuesto con esfuerzo, de subir las 100 puntas inaccesibles de Teruel. En principio, es un deporte que nunca me había llamado la atención, una actividad realmente peligrosa, y más aun de la forma en la que ellos la realizan. Me parece que se exponen a un riesgo increíble, pero que por eso mismo lo hacen. Se quedó grabada en mi mente una frase que dijo Luis; era algo así como "no tenemos vértigo, eso es una enfermedad y si la tuviéramos, no lo haríamos; sí que tenemos miedo". Esto me hizo pensar que lo realmente interesante de esta actividad es la tensión, la adrenalina que se tiene al ver un gran pico y al pensar que tú mismo lo vas a subir. Me sorprendieron también todas las imágenes que nos enseñaron en la presentación, eran fotografías maravillosas, todas ellas de Teruel, en las que se podía ver claramente la belleza de los paisajes de nuestra ciudad y de toda su provincia, como bien estamos investigando nosotros a estas alturas del curso. Desde mi punto de vista, creo que se merecen un reconocimiento, principalmente por su valor y su dedicación a un deporte en el que se juegan, muchas veces, la vida; y en segundo lugar, por haber descubierto lugares tan recónditos y especiales en Teruel y habernos dado la oportunidad de poder verlo en imágenes.
Marina Tortajada
Elisa
El pasado viernes vinieron a explicarnos un tipo de escalada que, aunque no es complicada, sí es peligrosa, la escalada clásica. La verdad es que lo que más me llamó la atención es la cantidad de cosas que tienen que llevar encima, ya solo con eso cualquiera se pensaría el tener que dar un paso como para encima tener que subir, pero no solo ascender, sino tener que ir formando tu propio camino, y asegurando el ascenso. Me parece que debe de ser una experiencia un poco temeraria.
Siempre me ha llamado la atención la naturaleza, y me dio la sensación de que ellos y los escaladores en general tienen una manera de verla asombrosa. En medio del monte es el lugar donde ellos se sienten tal y como son, se sienten libres y además ven sitios que no todo el mundo puede ver. 
En Teruel somos muy afortunados por la gran cantidad de campo que tenemos, lugares que el hombre apenas ha tocado.
Nos dieron un punto de vista distinto de belleza, belleza natural, de esa que no necesita ningún adorno para poder comprobar toda su amplitud. La naturaleza nos puede dar imágenes que el hombre no puede crear artificialmente.
Gracias a esta charla me han entrado más ganas que nunca de poder tener una experiencia aunque sea parecida. Lograron que me apeteciera aprender a escalar o por lo menos hacerlo alguna vez. Quiero ver la naturaleza como ellos para poder apreciarla como se debe.
Elisa Martín

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